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Biocombustibles: ¿un arma de doble filo?

Por Claudio Matta, profesor de la USM, asesor de a Universidad Nacional de Cuyo de Mendoza y de la Universidad Federal de Río en materia de energías renovables.

Últimamente los biocombustibles han sido materia de debate en los medios de comunicación por su supuesta implicancia en la crisis alimentaria que azota a la población mundial. Este tipo de energía renovable ha permanecido en el limbo como uno de los principales sospechosos de la crisis mundial de alimentos, pero aún no se llega a consenso en cuanto a su real implicancia en el problema.

Las declaraciones del Secretario General de la ONU, Ban-Ki Moon, quien señaló que es “clave encontrar un consenso en las políticas de producción de biocombustibles” y “una mayor investigación” en esta materia, causó un intenso debate durante la cumbre de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) que se celebró en Roma.

Thomas Malthus, economista británico de finales del siglo XVIII, postuló que, en palabras simples, la población tiende a crecer en progresión geométrica, mientras que los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética. La crisis alimentaria tiene más que ver con nuestros hábitos de consumo y explosión demográfica mundial, con proyecciones maltusianas que hace décadas fueron pronosticadas por el Club de Roma y otros organismos.

El tema de los biocombustibles y su implicancia en la crisis mundial de alimentos puede contribuir sólo si no se produce un buen manejo de ellos, por lo que lógicamente se requiere de profesionales con la experticia suficiente para buscar la mejor opción dependiendo del caso, país, región, clima, tecnología disponible, etc.

Muchos se preguntan si es probable producir un déficit energético al dejar de generar energía a través de sistemas renovables para mitigar el problema de alimentación, pero no creo que se produzca aún este tipo de situación, por la envergadura de la producción actual de biocombustibles a nivel mundial.

Tal vez a largo plazo y con el sacrificio del bosque nativo o recursos naturales endémicos importantes, pero en Chile estamos lejos de esa situación; ya tenemos una producción marginal de biocombustibles generados por fermentación. Más preocupante es el uso de dendroenergía (proveniente de la leña) que en zonas rurales supera el 50% del consumo energético para calefacción, y en la matriz energética nacional, representa cerca de un 15% del consumo total de energía.

Esto también forma parte de la energía generada a partir de la biomasa y puede ser considerada como un Biocombustible más, lo cual implica emisiones atmosféricas importantes producto de la combustión y tala de especies arbóreas nativas de alto valor ecológico para los ecosistemas. El proceso de desertificación existente en la III y IV región del país es, en gran medida, provocado por este tipo de prácticas.

El tema de energía a partir de la basura (residuos) es una prioridad en este momento, ya que se genera una gran cantidad de residuos con alto potencial de transformación en subproductos y energía, lo cual optimizaría el manejo de estos disminuyendo su toxicidad y posibilidad de contaminación en zonas urbanas y rurales del país.

30 de Junio de 2008 | Comentarios (11) - Referencias (0)

 
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